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Juliana Mbengono
Barro en mis pies
[…]
Desde el sexto piso descubrí
un pequeño pueblo incrustado en la ciudad,
tres chabolas entre platanares,
ríos, serpientes y maleza,
alumbradas con amor y hambre.
El cielo se puso oscuro:
la luna escondida detrás de las nubes,
los niños del pueblo urbano dormían,
y yo pensaba: “Qué felices viven.”
Leoncio Marquez
Poemas
[…]
De qué sirve gritar «¡Panafricanista!» por doquier.
¿Por qué no le secan las lágrimas a ese bebé
que viaja solo, que cruza el mar
— si tan africano es como yo,
por qué no me conmueve su dolor?
Si esta es la herencia de Nelson Mandela,
de las largas luchas contra el Apartheid,
de defender y exigir un ideal,
pues claro que comprenderán mi asombro.
Si es así la herencia de Nkrumah,
de Sedar Senghor, Francisco Lumumba,
entonces saben tanto como yo
que ellos no descansan en paz.
Adelaida Caballero
Té de poleo
[…]
El tiempo es catapulta apuntando
a los cuerpos de los niños que no crecen.
La victimología del anófeles,
varillas deprimidas, grandes coches,
un martillo de perpetuo tac tac tac
porque ahí tú va a mirá bien,
las gentes son bien, antes no hay nada,
le llaman y al voltear desaparecen,
van a recostarse entre bananos
cuya sombra desconoce el Horizonte [2020]
en que él trabaja hasta morir para que viva
la eléctrica promesa
de la luz que no se irá.
Recaredo Silebo Boturu
Poemas y relatos
desde mi retiro
Armas nuevas
No acepto que nadie me venda humos de pedo
ni llamaradas fatuas de petróleo
ni porciones de toxinas ideológicas
servidas con picante y mayonesa.
No quiero que nadie me venda Horizontes
para siempre inalcanzables [20, 30…]
ni que intenten ayudarme a sortear mis problemas
de calibre celestial y existencial.
No quiero que nadie me ayude
a emprender un viaje sin regreso y con destino
a ninguna parte.
No quiero incendios crecidos de pedos volátiles.
Por favor. No quiero más moco por pavo.
Quiero que me ofrezcan realidades,
risas de muchacha y alegrías desmedidas
porque me hacen falta nuevas armas
para vencer en las guerras que lucho por dentro.
Antología
Luz para todos;
Muestrario de voces
[…] La mayoría de los autores incluidos en esta antología nacieron en la década de los 90s —forman parte de la primera generación de guineanos que nacieron “cuando ya había luz y panaderías,” y cuya visión del mundo es radicalmente diferente a la de sus predecesores… Ya no se trata de la triste memoria ni de aquella ‘soledad nacional’ de la que hablaba un poeta venido a funcionario hace una década. La generación de los 90s está indignada. Lo suyo no es la tristeza: es un profundo pesimismo real y parodiado, un sarcasmo juguetón pero muy serio que ha encontrado un lenguaje para expresar su enfado crónico —un lenguaje como casa de madera; palabras que protegen de la lluvia, pero también invitan al incendio.
Alfredo J. Rieba Abe
Ancas de rana sapo
[…]
Comas y puntos seguidos
de más puntos y comas descansan
sobre el contrato de sangre sucia que firmaron
los hombres en época de vacas anoréxicas, a fin
de poder sobrevivir dos meses más
comiendo el mismo arroz que les sobrara
a las gallinas de los dueños de la finca.
El demonio es sabedor del juego
—sabe que el hambre es la razón
por la que el hombre de a pie
le venderá su alma.
Se hospeda esta noche en la casa de uno ahí
y hablan de asuntos de estado
y se comen uno al otro tan tranquilos que parece
que al hablar imitan al silencio que se crea
cuando los mayores hablan de su infancia.
Aquiles Mensa Site
Ideas importadas
24
Reflexiona sobre esto: no se puede ni llamarles, como antes hacían los históricos oponentes, esos de la memoria ya borrada y quedados en el olvido, con planes de rescate cuando llegue el momento, a los que se arrimaban al régimen, «traidores».
No traicionan a nadie los jóvenes cuando llevan su coco al país y proponen situaciones distintas que después son interpretadas como adversas e importadas.
Pero si para evitar ser llamados de ese u otro modo los jóvenes callaran o mandaran callar a otros, esa su intelectualidad entonces no serviría de nada, al menos en el suelo patrio.
Luis Nsue Mia
Soldado de la muerte
[…]
El sol se desmorona entre los muslos de la noche.
Bajo el caudillaje de la patrona blanca
retumban en lo alto cantos tristes como truenos
cernidos sobre copas de timbal amargo.
Brujas, hechiceros, curanderos,
poderosos gobernantes en la oculta
tierra de lo oculto, cantan a la luz de las estrellas
y las tinieblas que hoy lloran
a solas y en diferentes momentos,
traen bajo sus ropas las sentencias de lechuzas,
la ley de los murciélagos que llegan a su encuentro.







